Hace ocho siglos, un joven de Asís renunció a la riqueza de su familia para abrazar la fraternidad con toda forma de vida.
Francisco no miraba el mundo como un almacén de recursos, sino como una casa común habitada por hermanos y hermanas. En su Cántico de las criaturas (1225) llamó "hermano" al sol, al viento y al fuego, y "hermana" al agua y a la luna. Y a la Tierra la nombró con una ternura que aún nos interpela: "Laudato si', mi' Signore, per sora nostra matre Terra" (Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre Tierra) ¿Qué nos enseña hoy?
🌱 Que cuidar es una forma de conocer: solo protegemos aquello que aprendemos a mirar con respeto. 🌱 Que la dignidad no se mide por la utilidad: cada criatura tiene valor en sí misma. 🌱 Que tenemos libertad frente a la lógica del tener, del consumir y del desechar. 🌱 Que el cuidado de los más frágiles y el cuidado del planeta son una misma vocación.
En tiempos de crisis climática, de prisa y de individualismo, la ética franciscana nos recuerda que otra relación con la vida es posible. No desde el miedo, sino desde la gratitud, la sencillez y la responsabilidad con quienes vendrán después de nosotros.
¿A qué "hermana" o "hermano" de la creación nos comprometemos a cuidar esta semana? Construyamos juntos una ecociudadanía con corazón. 🌍
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